jueves, 9 de abril de 2015

“Tokio blues” de Haruki Murakami

La cosa es así: Murakami es uno de los autores más leídos en el círculo que frecuento de gente de internet que lee libros. Todo el mundo me decía que como era posible que no hubiese leído aún al amigo, que era fabuloso, que leas ya Tokio blues o Sputnik, mi amor... que ya va, coño, ¿pero vosotras sabéis la cantidad de libros pendientes que tengo?

Watanabe tiene muchos años y está en un avión cuando suena Norwegian Wood, canción que le hace recordar sus años mozos, cuando empezaba la universidad. Y flash back (de 300 páginas, de toda la novela). Volvemos con él a esa edad. Nos cuenta que cuando era adolescente su mejor amigo se suicidó, que el chaval tenía una novia, Naoko, que Naoko y Watanabe volvieron a hablar un año después de la muerte del nexo que les unía, que no solo hablaron de ahí en adelante, que además Watanabe conoció a otra muchacha por aquel entonces y que todo era muy complicado porque esto es la vida. Y no es el argumento de un episodio de Física o química, lo prometo. Lo que pasa es que así contada la trama pierde mucho. O no. O es así.

Tokio blues no tiene una historia que por encima pueda parecer demasiado interesante u original. Aquí no hay una trama complicada, con ramas ni movimientos en paralelo, es sencilla en ese aspecto. Lo bueno está más abajo. Motivos, personajes, ambiente que rodea a la novela, tono. Es mi segunda incursión en la literatura japonesa (la primera con Una cuestión personal, de Kenzaburō Ōe, que no tiene nada que ver con esta y gracias a dios) y fue con Murakami cuando me di cuenta del cambio tan grande que supone con respecto a la literatura que estoy acostumbrada a leer. Desde el principio la forma de narrar es distinta, muy desapegada a la novela, aséptica incluso. Así, el drama del 15 que viven los personajes se ve desde una perspectiva diferente. Watanabe no deja de ser tan solo un espectador de su propia historia, no es un personaje activo, se limita a observar los acontecimientos y a responder de una manera u otra a estos. La narración se vuelve así bastante peculiar y agradable de leer, muy distendida, pese a tener una carga emocional tan grande como la que posee. Podría resultar una lectura dura si tuviese otro tono distinto, pero lo cierto es que la manera de narrar de Murakami lo convierte en algo melancólico y reflexivo sin ir mucho más lejos. Por otro lado, y a juzgar por las críticas que suelo leer del autor, puede ser que todos sus libros estén contados de una manera similar. No es un estilo que me disguste, pero que sé que me llegaría a saturar del todo. Veremos. Queda pendiente comprobarlo con otra obra.

Me han gustado bastante los personajes secundarios, entendiendo como tales a las dos mujeres en torno a las que gira Tokio blues. Son interesantes, están bien construidos y tienen su propia voz. En alguna ocasión me ha resultado demasiada la información recibida acerca de un personaje, porque realmente los centrales son tres, si acaso cuatro, y tampoco necesitaba tantos datos del amigo de Watanabe, por ejemplo (y a mí qué más me das), pero creo que la construcción de personajes es uno de los factores más interesantes de la novela. Una de las cosas que más me ha fascinado ha sido la descripción que hace Reiko de su enfermedad, es una perspectiva muy dulce y se cuenta tan sencillamente que es maravilloso. En general ese personaje me parece fabuloso, todos los diálogos con ella me dejaron una impresión muy agradable. Es interesante también la importancia que tiene el tema del suicidio. Japón se menciona siempre como un país en el que hay muchísimos suicidios (no he podido encontrar cifras exactas pero la tasa es, al parecer, de las más altas del mundo) y en Tokio blues es uno de los núcleos de la obra. El mejor amigo de Watanabe se suicida, y el tema se vuelve a tocar más adelante en la novela con una frialdad pasmosa. He leído por internet que se abusa de este tema (y del sexo), que están injustificados, que los personajes se suicidan por el mero hecho de estar tristes. Solo diré al respecto que no es excesivamente complicado ver los motivos que existen, o no, detrás de cada una de las actuaciones de los personajes. Pero hoy en día le dejan un ordenador a cualquiera.

Por lo demás, creo que una de las carencias más grandes que me he encontrado en Tokio blues son los diálogos. El estilo narrativo ya he dicho que me gusta, pero las conversaciones de los personajes me resultaron un tanto artificiosas e incluso en ocasiones demasiado largas. Entiendo que las respuestas del protagonista son apáticas porque él mismo vive como quien se deja llevar por la corriente, pero precisamente por eso le veía poca lógica a toda la actividad mental de quien hablaba con él. No me queda muy claro por qué no terminó de gustarme, es cierto, pero a medida que la lectura avanzaba la sensación se hacía más grande (y sin embargo, la primera impresión que inspiran los personajes es la de rechazo para luego ir esta disminuyendo, terminado con impresión de cercanía y, a veces, ternura). Y poco más. Es una novela con puntos muy interesantes, con una serie de elementos muy potentes, de lectura agradable pese a lo grave de su tema y muy melancólica. Yo, desde luego, la recomiendo.