martes, 26 de abril de 2016

“Cómo ser mujer”, de Caitlin Moran

Cómo ser mujer no es un tratado ni una guía para crecer como mujer en un mundo que no te comprende. Ni siquiera tiene una serie de pautas que ayuden a la lectora curiosa. Aunque sí es cierto que esta puede, en un momento de lucidez, gritar ¡ES VERDAD! mientras aplaude, contagiada del espíritu Moran. Lo que sí es Cómo ser mujer es el divertidísimo testimonio de la vida de una mujer (periodista, crítica, presentadora de televisión, feminista y la caña), que narra su historia a partir de ese desagradable momento con trece años en que se dio cuenta de que mierda, ella también era o iba a ser mujer.

Qué queréis que os diga: sobre todo, me he reído muchísimo. Otro rollo lo que me he reído. La naturalidad y desenvoltura que Moran utiliza para hablar de los eventos que más le marcaron, y todo lo que emana de cada capítulo, me han fascinado. Es inteligente, es mordaz, es divina. Focalizando la atención en diversos aspectos de la vida de las mujeres de los que todas hemos oído hablar por activa y por pasiva (la regla, los sujetadores, las bodas, por qué tener o no tener hijos…) los orienta hacia su experiencia propia. Y en lugar de quedarse ahí, le da una vuelta, adoptando un tono reflexivo para plantear debate sobre algunos temas. Basándose en algunos preceptos feministas, como podría ser la absurda tiranía de la depilación o el derecho al aborto, aborda cuestiones que quizás para la lectora menos formada en feminismo puedan resultar sumamente esclarecedores. A mí me ha dado nuevas ideas para justificar mis posturas e incluso ha colaborado a la hora de plantear una serie de debates. No solo esto, sino que esta obra me resulta muy redonda a la hora de plantear imágenes, símbolos y metáforas. Las ocurrencias de Moran son muy ingeniosas, no solo a la hora de hacer chistes (que de verdad, hacía mucho que no me reía así con una obra). Quizás aquí estoy jugándomela, pues soy parte del tárget del libro –de esto hablaré más abajo– pero no me parece tan osado suponer que alguien (hombre o mujer no iniciados en el feminismo) pueda a partir de Cómo ser mujer esclarecer ciertos aspectos de este movimiento que le parecieran antes muy exagerados.
«En la teoría de la “Ventana Rota”, basta dejar una ventana rota sin reparar en un edificio vacío para que los más vándalos empiecen a romper las demás. Al final se colarán en el edificio, y encenderán fogatas o se convertirán en okupas.De la misma manera, si vivimos en un ambiente donde se considera desagradable el vello púbico femenino, o se ridiculiza constantemente a las mujeres famosas o poderosas por estar demasiado gordas o demasiado flacas, o por ir mal vestidas, la gente empezará a colarse en el interior de las mujeres y encenderá fogatas ahí. Las mujeres tendrán okupas.»

Pero no se puede hablar de Cómo ser mujer reduciéndolo a una obra divertida con la que pasar el rato. Me gusta porque te la cuela: estás leyendo, apacible y descoñadamente, la narración de cuando le bajó la regla o de su boda, y de pronto se pone a hablar de feminismo, de igualdad, de la realidad para las mujeres. Así, se generan una serie de altibajos en el humor que se tiene durante la lectura, pasando de la risa al desasosiego y la desazón en pocas páginas. Y ya os he dicho que el humor no quita que Moran sea muy capaz de desenvolverse con la palabra escrita. Su dominio de lenguaje es excelente, la selección de elementos sitúa muy bien al lector y elige muy bien qué temas contar. Quizás lo que más me ha gustado ha sido cuando habla sin ningún complejo del aborto. Afrontar este asunto es difícil, sobre todo porque hay un estigma increíble alrededor de él, y lo trata de una forma tan sutil y tan fácil de digerir, pese a lo duro del tema, que en total termina resultando el alegato a favor del aborto más convincente que yo he leído.

Todo esto me lleva a la pregunta ¿es un libro apropiado para cualquier lector? Por supuesto que no. El de Moran no es un humor algodonoso, no: es basto a más no poder (habla de la relación de la mujer con su cuerpo y apunta sus nombres favoritos para hablar de los genitales) que acompaña a un tema conocido como “impertinente”, el feminismo. Habla del aborto, habla de los hijos y del matrimonio desde una posición muy pragmática, habla, en suma, de asuntos que a mucha gente le parecen inapropiados. Es decir: no se lo compréis a vuestra madre. Pero sí a vosotras. Nunca está de más ver cómo no sois las únicas que llegan a casa con unas ganas locas de quitarse el sujetador, o cómo hay más gente con apelativos cariñosos para sus tetas. A mí me parece un imprescindible: os consideréis o no feministas (hay un capítulo dedicado a esto), compartáis todo lo que dice y lo repitáis en vuestra cabeza cual mantra o diverjáis con ella en ciertos aspectos. Habla de cosas demasiado importantes como para relegarlo a “libro divertido”. Leedlo, en serio. Con respecto a mí, ya os contaré cuando lea Cómo se hace una chica (no tardaré, necesito un chute de Moran como el respirar).

lunes, 11 de abril de 2016

"Carol", de Patricia Highsmith

Ya sabéis lo mucho que ha sonado Carol este año. La película protagonizada por Cate Blanchett y Roonie Mara ha promocionado una novela que, de no ser por ella, habría continuado siendo leída por un público limitado. En lo personal mi desconocimiento de la obra era absoluto, pese a que ya leí el año pasado El talento de Mr. Ripley de la misma autora (si tenéis la oportunidad es una novela muy recomendable). Tras leer Carol (The Price of Salt originariamente), no tengo muy claro cuál me gustó más.

Carol es una novela muy sutil. Cuenta una historia de amor entre dos chicas y por supuesto, rompió los esquemas en una época en que los personajes homosexuales y las novelas en las que aparecían estaban condenados al drama por el drama más absoluto. Así, la de Therese y Carol es solo una historia de amor, pero preciosa. Durante la lectura, me llamaba la atención la diferencia entre este narrador y otros que había leído anteriormente. Nunca antes había leído a una narradora mujer, escrita por una autora mujer, describir a otra mujer de forma más o menos sexual. La sensibilidad de mujeres y hombres (llámalo socialización, llámalo x) es diferente en este aspecto, las cosas en las que una y otro se fijan, la descripción de la persona amada, y es maravilloso contemplar la construcción de un personaje tan elegante como Carol desde la mirada inocente de Therese. Quiero decir, es imposible no enamorarse de Carol. Subyuga. Te hace pequeña sin hacerte de menos, y eso se percibe durante toda la novela: narrada con una mesura y un mimo increíbles, con una extrema importancia de los silencios y sobre todo de los diálogos de las protagonistas, con gran meticulosidad a la hora de hacer comprender al lector la radiografía del personaje. De verdad, maravillosa.
Carol reapareció con una taza blanca sobre un platillo, sosteniendo este y el asa de la taza mientras cerraba la puerta con el pie:
-La he dejado hervir y le ha salido nata –dijo, molesta-. Lo siento.
Pero a Therese le encantó porque se imaginó que eso le debía de pasar siempre. Se quedaba pensando en algo y la leche hervía.
También es admirable cómo el personaje de Therese crece durante la novela. De ser un pollito asustado e incapaz de comprenderse a sí misma y sus sentimientos a una persona independiente con una voz mucho más interesante. La obra, pues, evoluciona de ser Therese chiquitita al lado de una enorme Carol a una relación sin miedo. Y de esto habla. Del paso del sentimiento al amor, del vencer el miedo y a la gente, de conseguir la paz, como queráis llamarlo. Creo que tanto novela como autora son indispensables: por su forma de tratar la tristeza, por su óptica, por las imágenes, por el frío, por el calor y por las noches de viaje en coche de Therese y Carol, por cómo de sus conversaciones se van trazando unos personajes maravillosos. Por favor, leedlo. Es difícil hablar de un libro que te ha gustado mucho, al menos de forma concreta: me pasé horas pensando en la novela al terminar de leerla, pero no tengo mucho que deciros más allá de intentar convenceros por todos los medios de que la leáis. Así pues, cierro aquí, esperando sinceramente que os interese lo suficiente como para leerla. Merece muchísimo la pena, de veras.

En otro orden de cosas, me parece una lectura muchísimo más interesante para realizar si se busca un libro relacionado con la comunidad LGTB que todas las novelas publicadas especialmente para ser vendidas bajo este signo. La normalización no se produce a partir de un libro que trate el ser arcoíris, sino narrando una historia de amor, como esta, de dos chicas, dos chicos, etc. Así que para todas aquellas interesadas en el tema, aquí podéis encontrar un excelente ejemplo de cómo hacerlo bien.

PD: Aunque no pongo puntuaciones a los libros, he puesto una etiqueta llamada "recomendable" donde pondré los libros que, para mí, merezcan mucho la pena. Salud.